Cannes exige subtítulos que permitan una comprensión óptima de la película. Berlinale recomienda contratar a un proveedor profesional. Sundance, TIFF y Locarno los piden ya en la instancia en la que se decide qué película entra.
Por Ariana Loker
Cannes exige subtítulos que permitan una comprensión óptima de la película, así lo dice en sus criterios oficiales de presentación para largometrajes en lengua extranjera. Berlinale no lo exige como condición de entrada, pero lo recomienda de forma explícita: contratar a un proveedor profesional de subtitulado. Sundance, TIFF y Locarno van un paso más allá y piden los subtítulos ya en la instancia de selección, en la misma versión que ve el comité que decide qué película entra y cuál no.
Ese estándar no se definió porque sí. En 1988, la película El héroe del pueblo (Hong Kong, dirigida por Derek Yee) llegó al Festival Internacional de Toronto. Había una escena de máxima tensión; un personaje gritaba pidiendo auxilio. En los subtítulos se tradujo esa línea con un sentido totalmente distinto al original, absurdo. En la sala, en el momento de mayor tensión en que la escena necesitaba silencio, el público estalló en risas. Shu Kei, cineasta, crítico y subtitulador, director de la Escuela de Cine y Televisión de la Academia de Artes Escénicas de Hong Kong, contó ese caso en una entrevista con el South China Morning Post. Su conclusión fue una idea que compartimos: la calidad del subtitulado afecta directamente cómo se recibe una película, sobre todo cuando viaja a un festival internacional.
Hay una razón de fondo para que festivales y compradores le presten tanta atención. Según los datos que recopila Pablo Romero-Fresco, investigador en la Universidade de Vigo y autor de Accessible Filmmaking, obra de referencia sobre traducción y accesibilidad en cine, más de la mitad de la recaudación de las películas más taquilleras de Hollywood —y de las ganadoras del Óscar a Mejor Película— proviene de mercados extranjeros: 60,5% y 57% respectivamente, en el período 2001-2011. Esa proporción se sostiene sobre las versiones subtituladas o dobladas de cada película.
Hay compradores que abandonan proyecciones de mercado cuando el subtitulado falla. Dos o tres errores alcanzan para que algo se rompa entre el espectador y la pantalla. Las compañías de ventas surcoreanas reconocen bien ese riesgo y lo tornan en diferencial. Invierten en copias con subtítulos de calidad específicamente para girar por festivales y reuniones con compradores. Lo tratan como parte de la estrategia de venta de la película.
Romero-Fresco brinda otro dato que pone todo esto en perspectiva: el subtitulado y la accesibilidad representan entre el 0,1% y el 1% del presupuesto de una producción promedio. Una de las inversiones más pequeñas del rodaje. Y una de las que más pesa en cómo esa película se lee frente a un comité que la va a ver una sola vez.
En Estudio Silver trabajamos el subtitulado con esa misma lógica: cada escena tiene su propia construcción, y traducirla bien significa entender qué tiene que pasar en la cabeza de quien la mira, no solo qué dicen los personajes.
